La presente unidad
didáctica intenta fomentar los juegos tradicionales, ya que cuando los adultos
de hoy en día eran niños, solían bajar a la calle y jugar con sus amigos a
actividades donde lo importante no era el juguete, sino el juego. Actualmente,
hacer esto es cada vez más difícil, sobre todo en las ciudades, ya que las
calles ya no son zonas de juego seguras debido al abundante tráfico. La cultura
del juego en la calle enseñaba a respetar normas, a organizarse sin la
autoridad del adulto, a respetar los turnos, se aprendía a hacer amigos y, en
definitiva, a vivir. Hoy en día, todos esos juegos siguen siendo tan válidos
como entonces, pero los niños no pueden aprenderlos como antes. Por todo ello,
creemos importante enseñar juegos tradicionales, tanto por su valor educativo
como por su valor cultural.
Otra de las razones por la que creemos importante fomentar este tipo de
juegos es para conseguir una mayor inclusión entre los niños de distinta
nacionalidad. Estos juegos pueden ser la herramienta necesaria para conocer,
además, otro tipo de juegos tradicionales e, incluso, autóctonos de otros países
o comunidades, consiguiendo así enriquecernos culturalmente.
Hemos elegido esta unidad didáctica no solo porque, como ya hemos dicho,
favorece la inclusión y el enriquecimiento de las culturas, sino que, además,
es un tema relacionado con la actividad física y del deporte, ya
que requiere una gran concentración, control del equilibro y, en muchos
casos, una elevada utilización de energía (lo que promueve el desarrollo de
músculos y capacidades físicas).
Por otro lado, este tipo de juego, tanto
hoy en día tanto como años atrás, es accesible para todo tipo de niños, ya
estén más involucrados en el mundo del deporte o menos, puesto que no requiere
de una técnica o habilidad específica. Se trata de una actividad fácil y
divertida de practicar, lo que hace que tenga un gran número de participantes.
En definitiva, la práctica fomenta un aprendizaje cooperativo.
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